El perro
El perro
Ring, ring…
- Sr. Romero, abra por favor, soy de la Guardia Urbana. ¿Me oye?_ el agente resopló como si así pudiera quitarse el agobio que le producía tener que llamar a la puerta de un ciudadano a las 3 de la madrugada mientras la vecina le increpaba.
Ring, ring…
- ¡Se lo advertí! ¿Creía que no sería capaz de llamar a la policía? ¡Cómo puede dormir con esos ladridos! Usará tapones para los oídos… _ Aparición estaba que se tiraba de los pelos, llevaba ya 4 noches sin dormir por culpa de los ladridos del perro y encima ningún vecino parecía haberlos oído. Estaba tan cansada que nunca acertaba al pagar la barra de pan de fibra, claro que tampoco acertaba cuando dormía.
- Señora, por favor, retírese y déjeme hacer mi trabajo… _volvió a resoplar_ Sr. Romero, ¿puede por favor abrir la puerta?
- Voy, voy… pero ¿qué demonios pasa? ¿Hay un incendio? ¿Mi ex mujer les ha dicho que soy un terrorista? ¡Un momento que me visto! _Cecilio tenía claro que no podía salir en calzoncillos, así que buscó el albornoz y se enfundó en él mientras giraba la llave_ Buenas… ¿madrugadas? ¡¿Se puede saber en qué diantres puedo ayudarles que es tan urgente?!
- Buenas noches Sr. Romero, lamento molestarle a estas horas. Soy el agente Gutiérrez. Hemos recibido una llamada de su vecina avisándonos de que su perro estaba armando un gran escándalo.
- Cómo ya le he dicho a Aparición yo no tengo perro. Vivo sólo. La antena de la tele no funciona, no tengo pilas en la radio y sí, fumo pero mi tos no es como para confundirla con un perro…
- Lo lamento Sr. Romero.
- Cecilio.
- ¿Perdón?
- Que me llamo Cecilio.
- Sí, Cecilio Romero, lo pone en su buzón.
- Quiero decir que puede usted llamarme Cecilio.
- De acuerdo, usted puede llamarme Agente.
- ¿Me permite pasar para comprobarlo?
- ¿Qué me llamo Cecilio?
- No, si tiene perro.
- Pase, pase… ¿quiere un vaso de agua o no puede beber en acto de servicio?
- Podemos beber Cecilio, pero sólo si nos hemos sacado el carnet de dromedario y así no tenemos que ir al baño.
- Bien, entonces ¿tiene el carnet y tiene sed?
- Tengo el carnet y no tengo sed, gracias.
- ¿Ella también tiene que entrar?
- Señora… haga el favor de esperar fuera…
- ¡No me da la gana!
- Déjela, déjela… mejor que lo vea ella misma o no se creerá que estoy sólo.
Pase Sra. Aparición, pase. Husmeé lo que quiera, y si le apetece fregarme los platos no se moleste que tengo lavavajillas.
- ¡Qué grosero es usted Cecilio!
- Señora… _el agente lejos de perder la paciencia empezaba a encontrar divertida la situación_ Cecilio, ¿me jura usted que no tiene perro?
- No le juro nada que soy ateo, pero le confirmo que no, que no tengo perro.
- ¿Pero cómo puedes decir eso Cecilio? ¡Si lo estamos oyendo!
- Señora yo no oigo nada…
- Pues debería pasar por el otorrino usted también agente…
- A mi aparato de escucha no le pasa nada, no se me pase…
- ¿Me quieren volver loca?
- Aparición, que no tengo perro… _Cecilio ya le hablaba con esa condescendencia que se usa con los niños, los enfermos o con la que te tratan en el banco cuando tienes que pagarles una comisión.
- ¡Pero si lo estoy oyendo! Ladra como un condenado… ¡Míralo! Está ahí, ¿cómo te atreves a negar la evidencia?
- Señora, ahí ¿dónde es? Yo no lo veo…
- Delante de la puerta, ¿cómo puede ser que no lo vea?
- Ahí no hay nada_ Cecilio se encamina a la puerta y se para justo delante_ ¿lo ve?
- Al perro sí, claro que lo veo y no parece que le caiga muy bien Cecilio…
- Oiga Cecilio _el agente se lo lleva a un rincón donde Aparición no les oiga_ ¿cree usted que esta mujer está en sus cabales?
- Mire agente, por cierto, no me ha dicho usted su nombre…
- Agente.
- Bueno, bueno, si no me lo quiere usted decir…
- No, no me ha entendido, que me llamo Agente… una broma de mi padre que era muy cachondo además de policía y un jugador que jamás ganó una apuesta por eso me pusieron Agente…
- Disculpen, pero, ¿pueden hacer algo para que el perro se calle de una vez?
- ¿Pero qué perro señora? _el agente Agente cada vez estaba más en su salsa con aquella intervención_ Lo que le decía, ¿su vecina… no está muy sana del cerebro, verdad?
- Por el barrio dicen que antes era una famosa vidente, pero que un día se enamoró de un fantasma y desde entonces no ejerce. Ella dice que viven juntos, que se llama Amancio y que están muy enamorados y que además él es un gran amante…
- Pues no lo entiendo..
- ¿El qué? ¿Qué sea vidente? ¿Qué viva con un fantasma? Muchas personas viven con uno, claro que todos le ven, al suyo no…
- No, lo que no entiendo es cómo puede ser un buen amante si es etéreo… ¿o es un ectoplasma?
- Pues no lo sé… Jamás se me ocurrió preguntarlo… si hubiera sido el fantasma de Marilyn Monroe…
- ¡Me está mirando! El perro me está mirando. Ven perrito, ven. Oh ¡que dulce! ¿Cecilio no te da de comer? Si prometes no ladrar te llevo a casa y te doy un filete que tengo en la nevera…
- Cecilio ¿entiende usted algo?
- Creo que se han hecho amigos
- ¿Yo y esa? ¡Imposible, me da grima!
- No, ella y el perro.
- Pero si no hay perro.
- Mire usted y yo sabemos que no lo hay, pero ella cree que sí… y si se lo lleva, en su imaginación claro, usted acaba con la intervención y yo puedo volver a la cama.
- ¡Ah! Fantástico… pues a ver si se lo lleva… Señora… ¿señora?
- ¿Sí agente?
- ¿Cree usted que el caso queda resuelto? ¿Puedo irme?
- Por supuesto, del perro ya me encargo yo. Vamos perrito, ven conmigo, te llevaré a tu nueva casa, pero no puedes ladrar, ¿eh? Que Amancio tiene el sueño muy ligero…
- Bien agente Agente, ¿quiere ahora un vaso de agua?
- No Cecilio, gracias. Sigo sin sed pese a tener carnet de dromedario. Debo marcharme, he dejado el coche patrulla en doble fila y los de la grúa no perdonan ni a los del gremio cuando el Ayuntamiento está de recaudación…
- Bien, pues ha sido un placer conocerle.
- Lo mismo digo, si alguna vez necesita algo no dude en llamarme.
- Si alguna vez tiene sed ya sabe donde tiene un grifo.
- Adiós.
- Adiós
- Cecilio cierra la puerta de casa y mientras avanza por el pasillo y se va quitando el albornoz se dice a sí mismo: “¡menos mal! Creí que jamás me libraría del maldito perro fantasma!”